Vago...
Hoy estoy vago y no tengo ganas de pensar, aunque sí de leer. He leído unos textos de Enrique Garret. Los pongo aquí:
EL TAPIR
Siguiendo las instrucciones en las que tanta fe había puesto, el tapir,
a la tercera noche de intentarlo, consiguió, por primera vez en su
vida, soñar. Soñó algo borroso e indefinido pero indudablemente vegetal.
Tras una semana de ejercicios logró ir concretando y darle al sueño la
forma de su fruta preferida. Pasadas las quince noches su disciplina se
vio recompensada y, mientras su cuerpo descansaba tendido junto al río,
su imaginación consiguió no solo volver a formar la fruta, sino también
empujarla con el hocico y, ya con decisión, darle un jugoso mordisco.
Enrique Garret
MONARQUIA BIOREGRESIVA
La monarquía bioregresiva es la forma final y mejor de toda monarquía.
La monarquía bioregresiva es el sistema de gobierno por el cual cada
eslabón de la estirpe regia se parece más a un anfibio que la anterior.
Así, cuando llega el día en que el pueblo está listo para gobernarse a
sí mismo, la familia real regresa al medio acuático y, sin violencia ni
alboroto, se declara la República.
Enrique Garret
SIN CONSEGUIR TRABAJO EN AMSTERDAM
He conseguido que me traduzcan la carta de rechazo del curro de
traductor que tanto ansiaba. Los problemas han sido dos:
1.El lenguage no verbal> pues cometi el error de toamrlos por
antropoides superiores que dominaban el habla, en vez de rascarles las orejas y
luego darles la espalda esperando reciprocidad.
2.LA falta de agresividad> pues al parecer buscan alguin "que plantee
un reto a la empresa" y que haga una "presentacion explosiva"
La proxima vez entrare rascandome el culo como un babuino tras lo que
les arrojare una bomba, satisfaciendo asi todos sus requisitos de
lenguaje simiesco, reto y explosividad.
Enrique Garret
LA CAMA
Y también llego el día en que mi cama se rebeló.
Iba a acostarme, acababa de ponerme el pijama y mullir la almohada
cuando, al ir a retirar las mantas la cama exclamó “¡No, otra vez tú!”.
Como ya no era ningún mozalbete impresionable y sabía que cosas así nunca
pueden descartarse por completo, mi estupefacción no duró más que unos
segundos, durante los que me mentalicé para la que presentía, sería la
conversación más extraña que tendría aquel mes.
-¿Cuál es el problema? nunca te has quejado. De hecho nunca has dicho
nada, ni siquiera sospechaba que pudieras hablar- me interesé, retomando
la posición erguida.
-Estoy harta de que siempre duermas aquí-
-Eres mi cama, ¿Dónde quieres que duerma?- la interrumpí con toda
lógica.
-Y son las diez de la noche, ¡Un viernes! ¿No te da vergüenza acostarte
tan pronto?-
-No-
-Bufff- resoplo la cama- Y además sólo, ¿Hace cuanto tiempo que no
traes a nadie?-
-No lo recuerdo- admití.
-Me aburro tanto…me siento tan inútil…-comenzó a autocompadecerse la
cama.
-Esta bien, mañana hablaremos de ello, ahora tengo sueño- dije,
recostándome sobre ella.
-¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué asco! ¡Qué asco tu tacto!- chilló fuera de
sí, poniéndose áspera y urticante hasta que me picó todo el cuerpo y
tuve que incorporarme de un salto.
-¡Basta! Eres mobiliario; y por tanto irracional-
-¡La razón! ¡La diosa razón! ¡Siempre la razón!... todos esos
importantísimos libros que lees antes de dormir y que luego dejas tirados encima
de mí…como si fuera una vulgar estantería. No fui diseñada para eso,
sino…sino… ¡Para el amor!- exclamó, emocionándose con sus propias
palabras y llorando calcetines.
-¡Cielos, es repugnante! Está bien, ¿Quieres que traiga a alguien?, de
acuerdo, lo traeré, pero quién o qué será, eso no lo puedo asegurar,
sólo espero que con eso te calles y me dejes dormir en paz.- dije
mientras me cambiaba de ropa de nuevo, apresuradamente, y me disponía a salir
hacia el centro, dejando a la cama sola con sus desvaríos.
Unas horas después, agotado y apestando a humo, irrumpía en la
habitación seguido de una abogada que hacía observaciones aleatorias acerca del
futuro y de la música, mientras terminábamos de desvestirnos. Yo por mi
parte reparé en que la cama había aprovechado mi ausencia para
arreglarse; estaba aseada, fresca, con sábanas nuevas.
Tampoco tardé mucho en percatarme de que, tendida sobre ella, con esas
medias de rejilla, la abogada parecía un jamón cocido. Su actitud
también era la de un jamón cocido. Dudaba si ahumarla. Pero a ella, a la
cama, no parecía importarle, parecía haber vuelto al mutismo propio de los
buenos muebles y no emitió más que un hondo chirrido de placer, cuando
sin pensármelo demasiado, me incluí en la abogada y empecé a penetrar
su cuerpo vacío de información.
No me quedó claro si todo este esfuerzo había merecido la pena hasta
que, tras un descanso que se tornó definitivo, considerando que podía
hablar con libertad, me volví hacia el colchón y pregunté – ¿Estás
contenta? ¿Me dejarás ya dormir?- y como contestación no obtuve mas que un
delicioso, cálido, silencio.
Enrique Garret
Blog de Garret:
http://lavidaunilateral.blogspot.com/
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