Concienavidad
Es época de escribir cartas de felicitación navideña, es hora de dar faena a los carteros. Mi amigo, que se dedica a eso de despertarte a las 11 de la mañana cuando tienes fiesta y meterte unas facturas en el buzón, me dice que estos días trabaja más. Ya no puede ir a su casa a echarse la siesta del cordero, esas siestecillas antes de comer que le dan tanta vitalidad con su novia. Ahora hay más cartas que repartir. Y claro, la propia muchacha se queja porque al tercero se duerme. Ella quiere más, pero tampoco es muy importante. Cuando él se duerme, cayéndole la baba por la mejilla por la satisfacción, ella se lo monta sola hasta que también está saciada. Y así son los dos felices. Otra solución sería hacer una hoguera con todas esas tarjetas que compramos. Pero claro, algunas son de Unicef, y no lavaríamos bien nuestras conciencias, porque a la gente que no llamamos ni saludamos en todo el año, no les llegaría esa señal que dice, "jo que solidario este tío". Bueno, que no os empache mucho el turrón y disfrutad de vuestras comilonas cuando la gente se esté jodiendo de frío en la calle o de soledad en los asilos.
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